jueves, 10 de febrero de 2011

Parados, no quietos


Según la RAE, ese entrañable y a veces absurdo organismo que limpia, fija y da esplendor, la palabra parado tiene varias acepciones. En primer lugar, y de manera obvia, estar parado significa estar quieto (como participio del verbo parar) y, adjetivado, significa tímido, flojo o remiso en palabras, acciones o movimientos. Como segundo significado posible, tendríamos el de desocupado, sin ejercicio o empleo. En el español de América, que por cierto es el más hablado, estar parado significa estar de pie y, pararse, levantarse. Esta acepción lleva a usos más coloquiales del término en determinadas zonas. Así, en Chile o Perú, parado significa también orgulloso, engreído, mientras en Nicaragua significa rebelde, porque no se dobla, ni se sienta, ni cede, el rebelde ha de vivir y morir en pie. Muy especialmente en Cuba, pero es común a toda Hispanoamérica, si un pene está parado está en erección, listo para estar de todo menos quieto.


Pero cruzando el charco volvemos a los significados españoles, que sólo aluden a lo inmóvil, a algo estancado, a una inactividad en el centro del movimiento. En un país donde ya hay 4,7 millones de personas en situación de desempleo la palabra parado vuela de boca en boca, y su sentido es el más mezquino posible: desocupado, sin oficio ni ejercico (ni beneficio, permitidme añadir). Con el paro se puede engrosar sus filas, temer  engrosarlas, sufrir al ver a alguien cercano padecerlo, sufrir más al ver que todos los que te rodean lo padecen o casi, descartar posibilidades de inversión debido a las cifras del paro, perder la autoestima. Porque, tras meses sin encontrar trabajo, tras cada entrevista valdía, finalizada la chapuza precaria que puede salvar un mes, el parado se mira al espejo sin orgullo. Al margen de las preocupaciones derivadas de la falta de ingresos, la inactividad excesiva y la frustración generan cuadros depresivos que dificultan aún más la salida.

El retraso de la edad de jubilación y la reforma laboral (me encantan los eufemismos políticos, a la vez tan dulces y crueles) fueron los ejes centrales de una huelga general, la del 29S, que no tuvo un seguimiento precisamente masivo. Si la convocatoria no tuvo más éxito no hay que buscar la razón en la falta de descontento de la población con la política de trabajo del gobierno, sino en la poca fe en el sindicalismo español y en el miedo de muchos a perder el poco trabajo que queda. Ahora bien, estos dos temas, vitales, parecen irrrisorios con uno de cada cinco españoles sin trabajo. Los parados no pueden hacer huelga (por razones evidentes) y, aunque se habla constantemente de ellos, parecen no tener voz ni voto.
Cerca de cinco millones de personas obligados a plantear cada dia como un nuevo reto a la desesperada, obligados a ser jubilados prematuros e involuntarios, forzados al entretenimiento del anciano: el paseo, mirar obras (un espectáculo ya poco común), ver la televisión matinal o darle de comer a los patos, esos pájaros que flotan despreocupados, que no juzgan y no le hacen sentir a uno un inútil.
Propongo que traigamos de América, donde llevan nuestro idioma al límite, ese otro significado del parado, el de estar de pie, el de no dejarse llevar por la abulia de la inacción, el llenar el tiempo forzosamente libre con métodos de reivindicación colectiva. Parado: en pie, en rebelión, erguido, erecto y, sobre todo, no dispuesto a ceder ante una sociedad que lo ha utilizado y ahora le da la espalda.

1 comentario:

  1. Me encanta la comparativa que has realizado sobre la palabra parado en castellano y en español de América.
    Llevo algún tiempo ‘parada’ y, aunque todavía me quedan varios meses de prestación, he seguido estudiando y preparándome mientras acudía a muchas de esas entrevistas valdías que mencionas en tu artículo. En éstas descubres cómo de precario está el mercado laboral por las condiciones que ofrecen, pero también se aprende mucho de ellas.
    De esta manera me animo a no ceder y no doblarme como dices y, a partir de ahora, seguiré el ejemplo activo del significado latinoamericano de parado.
    Y sí, si la huelga general no fue masiva, no fue porque los ciudadanos no estuvieramos descontentos, que lo estamos, sino porque no podíamos permitirnos faltar un solo día a nuestro trabajo. Y yo entonces trabajaba.

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