jueves, 27 de enero de 2011

'Cause the times they are a changin'


Entra él, y los cientos de personas que lo esperan rompen en aplausos. Sonríe: sabe de sobra cómo comportarse en estas situaciones. Exhibe sus dientes, exultante, y reparte saludos, estrecha manos y busca la complicidad de todos los que, impacientes, le esperan junto al pasillo para poder decir después que han hablado con el Presidente. Le lleva varios minutos recorrer el pasillo entre escaños, hasta que por fin se cruza con Hillary, la única que alguna vez supuso una sombra en sus aspiraciones. Con ella es especialmente cariñoso, y le hace un comentario al oído que arranca una carcajada de la Secretaria de Estado. Y allí, tras repartir estrechones, besos y abrazos, todo bajo la lluvia incesante de aplausos, Barack Hussein Obama saluda a la grada y sube al estrado.
El discurso se espera con mucha expectación, tras el cambio de actitud de demócratas y republicanos a raíz del atentado sufrido por la Congresista Gabby Giffords. El país sufría la conmoción de un crimen de odio, y el estupor que queda después de una pelea que uno sabe o sospecha que ha contribuido a provocar. Las primeras palabras de Obama, tras felicitar al nuevo Presidente de la Cámara, son para la congresista ausente, recuperándose en el hospital, seguidas de un alegato por la tolerancia porque el país, dice, está por encima de los intereses, individuales y partidistas. Los llamamientos a los dos partidos a trabajar juntos serán uno de los ejes del discurso.
Respecto al meollo central de las palabras de Obama, versa más del futuro de la Unión que de su estado o presente: se trata de reconvertir el modelo de un país que aún es, y quiere seguir siéndolo, la potencia hegemónica en un mundo que está cambiando. Habla de energías limpias, de nuevos modelos de negocio, de invertir más y mejor en educación, innovación e infraestructuras. Se trata de reinventarse una vez más para no morir, para no quedarse atrás. Habla de competitividad, pero especifica que no se puede lograr a costa de los más desfavorecidos. Y marca un límite claro, todo eso debe salir adelante con una política de austeridad presupuestaria y sin renunciar a su pequeña revolución: la reforma de los sistemas de seguros médicos.
Son sólo palabras, y muchos de los hermosos conceptos que suelta por su boca el hombre más poderoso del planeta huelen a futura promesa rota, a demasiado-bonito-para-ser-cierto. Y, sin embargo, tengo desde mi punto de vista la certeza de no haber escuchado nunca a un político español hablar así. El nivel del discurso de Obama está, directamente, a años luz del de cualquiera de nuestros representantes; presentes y pasados. Quizás sea  consecuencia de una sociedad que fomenta la exposición dialéctica desde los institutos o quizás solo es que Obama es un gran actor, capaz de dar verdad en cada palabra.
Y sí, muy probablemente se equivocan todos aquellos que, en tantas partes del mundo, ven en el primer presidente afroamericano de la historia de Estados Unidos un símbolo del cambio o un héroe más necesitado que nunca, pero no es menos cierto que, al menos desde la distancia y con la mediación de la CNN, Obama adquiere rasgos de profeta. Ayer, en este país que sólo por pasar de largo una dictadura parece haber inventado la democracia hubo sesión de control. Zapatero y Rajoy se enzarzaron. Lean lo que dijeron y cómo lo dijeron y después lean el discurso de Obama. La verdad, puestos a que te engañe un político, por lo menos que sea el mejor, un encantador de serpientes que te ofrezca algo distinto, y no dos mediocres sin más idea que las ganas de gobernar. Me reitero en lo ya dicho: gane quien gane las próximas generales, yo me iría del país. Y es una pena porque lo amo.

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