viernes, 19 de agosto de 2011

Lo llaman hamburguesa

Cómete una hamburguesa. Llena tu boca estúpida con esa mezcla de carne mala, pan mediocre y queso insípido con salsa dulce de tomate y vinagre. No hables mientras comes, tus gilipolleces así no suenan mejor. Experimenta el placer de lo prohibido, siéntete al tiempo culpable y víctima de un crimen contra tu propio cuerpo. Siéntete como Obama ayer, que celebraba medio siglo con un happy meal tamaño NBA que traía dentro un cupón emisor de deuda limitado. Siente, al comer tu hamburguesa, se llame Mac o Whop, el genuino sabor de la época que te ha tocado vivir. Disfruta de tu comida basura sobre tu silla basura en el  escaso tiempo libre que te permite tu trabajo basura. Dejarías toda esa mierda, pero tienes que pagar tu hipoteca basura, que en la tele prefieren llamar sub-prime.
Siente el sabor de este mundo basura y asume que, como  decía George Ritzer, vives en una sociedad en proceso de mcdonalización.  Este proceso, estudiado por el sociólogo neoyorquino, se basa en cuatro pilares fundamentales: la eficacia, el cálculo, la predicción y el control. En el ejemplo magistral de esta teoría, la cosa funciona así. Te comes esa hamburguesa, elaborada, enfriada y calentada en el microondas conforme a los mandamientos de los dioses Ford  y Taylor: especialización, cadena de montaje, trabajo a destajo, Todo bien montado, en mostradores de escasa calidad, calculando que tardarás entre 110 y 15 minutos en tener una comida razonablemente comestible, razonablemente barata y razonablemente rápida, con calidad suficiente para que no enfermes allí mismo pero garantizado que la cagarás prontito para volver.  Ahí viene el cálculo, poder cuantificar cuánto tardas en todo ese proceso, cuántos como tú caben en la cola, cuándo volverán a tener hambre para así poder prever costes y arriesgar menos capital. 



Ahora olvídate de la enorme y grasienta hamburguesa imaginaria que te estabas tragando y piensa que, en base a esos mismos criterios, están hechos tus muebles, tus aparatos tecnológicos, tan obsolescentes, tus contratos laborales, menguantes como tu ropa barata cuando la lavas. Piensa que también tu vida se ha mcdonalizado, que tu sistema político apesta a bigmac y que el sistema financiero se ha ido de pleno al carajo por culpa de una mcdonalización de las inversiones internacionales. Piensa, mientras masticas esa bazofia que has comprado envuelta en papel reciclado, que es una metáfora de la vida de mierda que te tienen preparada. Porque como se escucha aquí, en la calle Montera, lo llaman hamburguesa, y no lo es.

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