lunes, 8 de febrero de 2010

RADIOGRAFÍAS

Decíamos ayer que la Ley del Menor actual está bajo amenaza. Son ya no pocos los sectores que reclaman que el que delinque como adulto pague como tal, sea cual sea su edad. No es casual que este aumento pretendido de la edad penal aparezca en nuestras vidas al tiempo que otros sectores comenten que conviene que trabajemos un par de años más. El mensaje es claro: la sociedad pretende que uno sea niño menos tiempo y tarde más en hacerse viejo, alargando su vida productiva, la que eleva sus impuestos y cotizaciones y reduce su costo a las arcas del Estado. De momento son propuestas, pero que marcan una dirección clara y que acabarán, tarde o temprano, imponiéndose.
Parece que hubieran escuchado todos esos lamentos individuales de chicos y chicas que tienen prisa por crecer y se adelantan a fumar y a beber y quieren ser ya adultos, o a esos viejos y viejas que juegan a quitarse años, a teñirse el pelo, a comprarse un deportivo o subirse las tetas bisturí mediante. Es lógico y comprensible que el Estado se decida a sacar partida de este intento nuestro de escapar a nuestra edad.
Lo que, ni es tan lógico, ni es comprensible, es que, con la ley que tenemos, que aún ampara a los niños como niños, se haga trampa para evitar que un menor lo sea, y ahorrarse unos eurillos en su manutención y tutela. Es el caso de un chaval Camerunés que llego a Motril en patera y a quien la prueba radiológica que se hizo en ese momento decía que tenía 18 años. Por eso, pese a que él declarara ser menor, fue recluido en un centro de internamiento de extranjeros en lugar de un centro de acogida para menores. Fue trasladado a otro CIE en Madrid, desde donde gestionó su pasaporte con la Embajada de Camerún, en el que se acreditaba que tenía 17 años y que, por tanto, era menor. La Comunidad de Madrid lo reconoció como tal, pero le exigía hacerse otra prueba radiográfica en una clínica privada. De nuevo, la edad estimada por la prueba es de 18 años y el chico, que veía peligrar sus derechos, obtiene en su embajada un certificado de autenticidad de su pasaporte.
El pasado 3 de febrero se le acusa de falsedad documental y, desde el día siguiente, está fuera del sistema de protección al menor. La prueba ósea tiene más peso, según la Comunidad de Madrid, que el pasaporte y un certificado oficial emitido por el cuerpo diplomático de un país. Dicha prueba que, repito, se realizó en una clínica privada, debió consistir en el análisis radiográfico de las muñecas o los pulgares, que son los dos métodos más comunes y que, dicen los expertos, debieran utilizarse solo como herramienta médica de diagnóstico. En todo caso, la prueba tiene un pero, pues establece sólo un patrón en el grado de desarrollo, que varía según sea el individuo, su alimentación, su modo de vida, etcétera. Mirar en los huesos no es como contar los anillos del tronco de un árbol, pero es algo a lo que agarrarse para una política de inmigración que pretende sacudirse de las obligaciones internacionales sobre protección al menor.
Y volvamos al principio, el menor que delinque es delincuente antes que menor, y no hay que olvidar que el menor inmigrante también es inmigrante antes que menor. Pues eso, chico, que te haces mayor por Real Decreto, que dejas de ser un inmigrante menor , protegido por la ONU, para ser un negro de mierda más. Lo sé, sé que esto no es lo que esperabas, pero es que en Europa ahora estamos aboliendo la infancia y la vejez, porque sino perdemos competitividad y China está afilando el cuchillo. Pero tranquilo, puedes ir al casino, comprar porno, beber, fumar y entrar en discotecas. No todo iba ser malo, chaval.
Y, de repente, se me quitan las ganas de seguir. Qué asco.

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