lunes, 1 de febrero de 2010

Silencio


Cuando estudiaba la carrera de periodismo un profesor me dijo: habla siempre como si te estuvieran grabando. Era como una frase de película de espías, pero era un buen consejo de alguien que venía bien curtido de la dirección de un medio nacional. Como en las detenciones, en la vida tiene uno derecho a guardar silencio, y a saber que cualquier cosa que diga bien pudiera ser (y será) utilizada en su contra en cualquier circunstancia. Pero nunca callamos, por mucho que sepamos que lo inteligente es hacerlo, nuestras bocas no se sellan porque están ansiosas de dar rienda suelta a nuestros pensamientos.

Así estamos nosotros rajando del jefe cuando se aproxima a nuestra mesa, o decimos algo más de lo que debiéramos y un secreto que alguien, en su plena confianza, nos había confiado, se escapa y ya todo el mundo lo sabe. Es como una justicia poética que nos cae como una losa por bocazas, indiscretos, inconscientes, incontinentes verbales que mueren por la boca sin ser peces. Si esto es grave, y nos pasa a diario a cuantos trasegamos sin puesto ni responsabilidad ni oficio ni beneficio, cuanto mayor no será el peligro para esos a quienes su poder económico y simbólico pone siempre en el centro de atención mediático.
Ellos, que respiran y sienten y sufren, y quisieran callar como nosotros también, y que cuentan con un ejército de asesores de imagen, miembros de gabinete y demás personal destinado a que no hablen más de lo que tienen que decir, también la cagan y hablan cuando no toca y les pillan. Los micrófonos abiertos son la mayor prueba de que la democracia sigue ahí, viva, aunque escondida tras un Establishment que la hace artificial. “Menos mal que hemos colocado al de Izquierda Unida y nos hemos quitado a este hijoputa”. Es una frase más, deslizada entre dientes por parte de Esperanza Aguirre a su ojito derecho Ignacio González. Es una frase que denota estrategia y enfrentamiento por el control de Caja Madrid, viniendo de una política que siempre ha negado su interés en politizar la gestión de la Entidad así como cualquier tipo de enfrentamiento dentro del partido por su control.
Gracias a ese micro abierto, y a su publicación por la Cadena Ser, sabemos que es evidente el tipo de control que se pretende sobre la Caja, por mucho que la Presidenta lo niegue. En política, las fuentes de información siempre tratan de colgar en su balcón sus logros y de enterrar sus miserias en el patio trasero. Bombardeando los medios con ruedas de prensa cerradas y contenidos inocuos, el poder consigue distraer la atención de lo que se pudre en sus gestiones. De vez en cuando, una buena investigación periodística destapa ese cadáver político escondido en cualquier parte, o la casualidad quiere que un micro abierto deje que sea la propia estudipez humana la que se condene a sí misma.
Estos deslices nos dicen más que mil discursos; como que hay muchos hijos de puta en el propio partido de Bono, que por cierto piensa que Blair es un gilipollas, o que a Zapatero le convenía la tensión en la última campaña, o a que a Rajoy, tan dado a envolverse con la bandera, el desfile militar le parezca un coñazo. Son sus frases de verdad, ese ellos que se cuela tras sus imágenes públicas y rígidas, inevitablemente engañosas. Es triste que a esto nos reduzcamos cuando se trata de conocer a nuestros políticos, pero es lo único que una esfera pública claramente dirigida y obediente permite. Como se les escapó un día a Trillo presidiendo el Congreso, manda huevos.


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