lunes, 16 de noviembre de 2009

La noche en blanco - 22 de septiembre de 2009


Cerrad los ojos y visualizad. Ante vosotros desfilan 800.000 madrileños que eligieron pasar la noche en blanco, colapsando el centro de la capital el pasado Sábado. La ciudad se echó en masa a las calles y fue siguiendo con más o menos tino la compleja y extensa programación que el ayuntamiento había preparado. Los 940.000 euros que el consistorio se ha dejado en blanquear la noche está muy lejos del millón setecientos mil del año pasado, pero han cundido mucho.
Con menos acciones espectaculares y la imaginación volcada en actividades más asequibles, todo el centro se llenó de gente dispuesta a recibir a la cultura en estado de gracia, de blanco puro, como si fuera una ceremonia religiosa. Pero toda experiencia masiva se desnaturaliza un poco, desde Woodstock a la marcha del millón de hombres o el desfile del orgullo gay. Toda la ciudad vive su rito, pero cada cual lo vive a su manera, y le otorga un significado diferente.
Madrid es el gran centro cultural, junto con Barcelona, y aquí puede uno ver cine surcoreano de estreno, o ir a ver las fotos de Annie Lieobobitz, pero también arrasan las obras de José Luis Moreno y Shakira llena cualquier estadio, atlético o real. Todo este público tan heterogéneo se dejó seducir por el programa de esta noche en blanco, que tenía algunas propuestas interesantes. Buena música, tanto en calles como en locales, algo de danza y teatro nocturnos, propuestas interactivas, suelta masivas de globos: y los madrileños empinando los codos o usándolos como armas defensivas y único modo de abrirse un hueco en la marabunta.
La Gran Vía estaba teñida por los colores de unos enormes cicloramas centrales y tenía un aspecto un tanto hortera, pero hermoso. Pasé por allí sobre las cuatro de la mañana. Pese al agotamiento y el dolor de piernas, decidí volver caminando por ese Broadway castizo que quiere ser la Gran Vía. A esa hora, normalmente, es una pequeña babilonia, mezcla de vicio y encanto, de desorientación y romanticismo, pero el sábado no. La marea humana andaba en dirección contraria, cuesta abajo. Agotados, bromeando, o borrachos, o disfrazados, en todo caso todos disueltos ya, rendidos, buscando la blanca sábana. Y yo caminaba por esas calles, con sus edificios de principios de siglo, llenos de smbolos masones, pensando en lo ridícula y hermosa que resulta esta propuesta. Convertir la ciudad en un parque temático cultural puede parecer una banalización de las artes, pero las saca de sus guetos, donde huele a moho de crítico. Y viendo lo mejor y lo peor de Madrid desfilando juntos en lugar de los coches, compartiendo los bulevares que unen Cibeles con Neptuno y Atocha, pienso que la ciudad fue, por unas horas, de sus ciudadanos, que se dejaron mecer por la noche en Blanco y charlaron, rieron, bebieron y se fueron contentos a sus departamentos. Se acostaron, claro, sonrientes, y apagaron la luz. Y yo me quedé en vela pensando en que no estaría mal que hubiera 364 noches más en blanco.

No hay comentarios:

Publicar un comentario